sexta-feira, 23 de maio de 2014

Ho Ho Ho, Ha Ha Ha






Eu tinha 8 anos quando descobri que Papai Noel não existia. Eu me senti tão adulta quando soube que cheguei eufórica em casa gritando para minhas irmãs a novidade. Vim do colégio trotando pela rua, entrei em casa pela porta dos fundos, passei correndo pela minha mãe lavando louça na pia da cozinha até chegar na sala, onde as gêmeas viam TV. Minha mãe conseguiu me deter em tempo de eu não completar a frase e matar, sem querer, um pouco da inocência das duas que nem sabiam ainda escrever seus sobrenomes.
Mas lá se foi meu encantamento por água abaixo. Minha mãe me explicou o porquê de não compartilhar com elas minha descoberta de um jeito que eu as invejei de não saberem a verdade. A professora da 2ª série devia ser muito infeliz para revelar aos alunos um disparate desses! Ela tinha o cabelo curto mal tingido de henna e nos contou, a seco e friamente, imóvel em sua cadeira, que Papai Noel era nossos pais.
À noite não quis jantar. Tomei um copo de leite frio com Nescau e fiquei brincando, sem gracinha que só, com minha Bibi-bo, a Barbie grega que meus pais haviam trazido para mim de uma viagem, em cima da mesa de centro da sala ao lado das minhas irmãs, que jogavam pega-varetas. Ela era linda, a boneca, com seu maiô dourado e sua bolsa, também dourada, que virava uma esteira de praia. Do tampo de vidro da mesa eu via a capa, agora menos mágica, do meu livro preferido, “Turma dos Sete”, que eu ganhara num… natal.
As salsinhas congeladas lá fora na horta, nós três ali de pijama de flanela, sendo eu a primogênita, a pioneira da prole a começar a perceber como a vida é dura.

(Este texto é fruto de um curso de  escrita criativa que estou fazendo: http://terapiadapalavra.com/)
 


segunda-feira, 10 de março de 2014

O ovo.


https://encrypted-tbn1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTIKNITVCA0AfkjDdYv20KvHTrNqJZhRLsT_GGYn2j_LsHpMmsgVQ


Esta é a história de um casal que não era pra ser. E não foi.

Aos 30 e poucos ela já tinha pós-doutorado com tese em francês e três livros publicados. Professora universitária, muito engraçada, pirava bebendo cerveja com Steinhäger. Moça adorável!

Já ele, bem... ele ainda não havia descoberto do quê gostava. Perdido no seio de uma família abastada, era herdeiro.

Como foram se juntar, não sei, num samba, talvez? se conheceram dançando, num ziriguidum destes, um dia de gente alegre e colorida. E por anos ficaram indo e vindo, que nem ioiô, meu iaiá, meu ioiô!

Nunca moraram juntos, mas ela já conhecia de cor seus chiliques, compreendia que a maioria era fruto da frustração profissional que ele carregava. Enquanto ele tentava encontrar defeitos na perfeição dela e a magoava muitas vezes, sem (conscientemente) querer.

Ela, muito leve, convivia, sem se envolver, com as manias dele. A de limpeza, por exemplo.

Era manhã de domingo, a faxineira havia ido um dia antes, mas ele estava na sala aspirando o tapete. Lá fora, 40°. Não, não tinham gatos em casa, nem crianças passaram por lá na véspera. Não, tão pouco receberam amigos na noite anterior. 
 
Na cozinha, ela pensando “pra quê, isso? O.k. a vida é dele.”, cantava meio destoada demais, concentrada no ovo que fazia para o namorado. As gotinhas de suor pingavam no liso do chão. Distante, deu com o fogo alto demais, ou baixo demais, ou aquela frigideira não era a nova, achou  que o ovo ia grudar, a clara não ia cozinhar como devia, a gema podia furar. Começou a sentir que o ovo ia ficar com defeito, não do jeito como ele queria, como ele exigia. À medida que o ovo enfeiava, ela sentia um aperto no peito, uma asfixia, um tormento! Como ele exigia dela! 

E desligou o fogo rispidamente. Ele já enrolava o fio do aspirador de pó e apreciava seu serviço bem feito. Respirando e de olhos fechados, passou a mão no avental, enxugando o suor das mãos. Pendurou-o, atravessou a sala de cabeça erguida, pegou sua bolsa e saiu, sorrindo e sem dar tchau, pela porta da frente.

Lá fora fazia 40°. 


segunda-feira, 3 de fevereiro de 2014

Gotham City (en español)





Copacabana es el barrio más poblado de Río de Janeiro con eso de 150 mil habitantes. Abriga 3 estaciones de metro, 3 favelas, uno de los hoteles más lujosos de Latinoamérica, cualquier cosa que usted pueda imaginar, desde sinagogas a sex shops, el Forte y una playa en formato de media luna. La princesinha do mar, así llamada, es dueña del bulevar más hermoso de la orilla por los dibujos de Burle Max. Drummond no se quita de allí. 


¡Es a un palmo de esta playa donde vivo yo! En uno de estos 20 apartamentos por cada planta de esta caótica Gotham City, caracterizada por tener más moradores de lo que se puede comportar - amplia y cómodamente hablando. Hace mucho, este renombrado pedazo de tierra exprimido entre el mar y la montaña, se llenó de edificios altos, de pisos pegados unos a los otros y se volvió en un microcosmos brasileño que une diferentes clases sociales y turistas en todas las temporadas. Por eso, vengo a hablar de mis vecinos, que aunque no se trate de un edificio “tiembla-tiembla”, ¡ellos son BIEN peculiares!


La vecina del 1019 viaja el fin de semana con su novio europeo y deja la gata para que la cuide. Me trae como detalle un imán de nevera que dice: “Me acordé de ti en Arraial do Cabo”. El recuerdo no combina con nada en mi cocina pero aun así creo que ¡es mono! Su estilo de vida tampoco pega con el mío. En el día de los novios pienso en Lapa y comento que hoy es un buen día para salir de juerga, para una soltera como yo, me imagino que todos los muchachos sueltos en la calle hoy serán solteros. Ella se pone de acuerdo y me sugiere una vuelta al centro comercial. ¿Shopping? ¡ni hablar! Quien viene una vez a la semana a limpiar la casa del vecino del 1021 es su ex-mujer. ¿Qué dices? Aún este querido vecino me lleva para clases de samba, soltinho y gafieira. Jaime Arocha, el dueño de la escuela, elogia el color de mi lápiz labial y mi vestido, me hace sentir ¡una chica Almodóvar! Mi gato Bahia quiere ir a pasear y empieza a volar chocándose con la puerta. Mientras salgo con la basura, él corre y entra en el piso que la bruja del 608 alquila para temporada. Ella o-d-i-a los gatos, se queja y me pide bufando para sacarlo de ahí, ‘no quiero pulgas en mi casa’. Yo le digo que mi gato no tiene pulgas. Me quiere regañar, pero dice: ‘eres tan mona, tan educada, no quería hacer eso, pero si sigue así...’ Una vez que vivo de alquiler, hay que tragarse el sapo, ¡oh, vida cruel! A la vuelta del xerelete al escabeche de Adega Pérola, abajo de casa, cruzo con la vecina del 722 que me pide fuego. Su voz sale de las entrañas, parece que me quiere chupar la sangre. ¡Se me pone la piel de gallina! La hipocondríaca que acaba de mudarse para el 1022 pasa los días echando veneno para cucarachas por debajo de su puerta y quejándose de algún dolor, un abanico de síntomas que varían a cada día. El vecino del 512 miente, dice que tiene 19, pero tiene 16. Me pide abrigo cuando se pelea con los padres y ayuda para escribir cartas a su ex-novia que todavía le gusta. Él intenta, yo siempre invento una excusa. La vecina del 917 me regala un plato de macarrones tras prestarle el fogón para cocinar. Cortaron su gas. Ella comparte piso de 40 m2, igual a todos del edificio, con su novio, la madre y el hermano de él, los dos hijos de ella, además de Kate y Titi, la perra de él y el gato de ella.


Son 12 pisos, 24 aparta-estudios por piso, más de 500 moradores, 10 porteros. Uno de ellos un día me dijo que tenía un regalo para mí: ¡una mandarina! Y después viéndome ir a viajar, gritó desde la portería: ‘Vuelve pronto!’ Hasta hoy tengo dudas si de verdad escuché el disparate ese. Mi gata se esconde debajo de la lavadora cuando el niño del 807 llama el timbre. Hubo una época que la prestaba, Dolores, mi gatita, para que jugara con la niña del 217. Habrá sufrido, la pobre, porque hasta hoy mantiene este trauma. Dejo unas ropas para arreglos y me entero que la modista es mi vecina del 204. Me pide para ir a su casa a ayudarla a comprar un billete de avión y acabo horas en el MSN con su ligue virtual, Mustafá, un turco que ella creía español. Mi visita liga con el vecino del 406. Él es maricón, le comento, aun así, ella sigue teniendo fantasías con él. Bello día llego tarde al trabajo porque tengo que ayudar a la vecina del 703 que llora por no conseguir poner curativos postquirúrgicos en Cocada, su gatita recién castrada. Ella también comparte piso con Eros, un perro obeso y llega un día a mi puerta, con un pastel para darme las gracias justo al momento que yo intentaba cerrar la cremallera en la espalda del vestido. Es cierto que Dios da en doble. Intento ver lo que el vecino interesante (dentro de este contexto de personas circenses) del 718 lleva en las bolsas del súper. Pesco salsichas, mozzarella, pan sin cáscara, mortadela, litros de tetra-park sabor naranja, papas fritas y mayonesa. Demasiado colesterol. ¡Descarto con gusto!


Vivo en los fondos de mi edificio en Copacabana. No tengo vista al mar, pero puedo disfrutar de un útil tendedero de ropas en mi ventana. Sin embargo, pago la lengua cada vez que tiendo cualquier cosa allí. En una de estas, dejo caer una toalla que aterriza en el aire condicionado del vecino del 314. Dejo una nota abajo de la puerta y le pido por favor que la deje en la portería por si la encuentre. Cuando vuelvo doy con una nota con su nombre completo, correo electrónico, teléfono y dirección en Salvador – Bahia, MSN y facebook: ‘No he encontrado la toalla, pero vamos a tomar un café o quizá un avión?’ Cuanto más yo rezo... mi vecina del 1016 tiene tatuado en el pecho unas patitas de tigre que caminan hacia el escote. Otro día vi algo parecido en el ascensor. El turista de temporada tenía un cupido tatuado, mitad visible y la otra parte se quedaba escondida dentro del bañador. Bahia, mi gato, corre a la 11ª planta, escucho su maullido, subo y lo encuentro mordiendo los alambres de la obra eléctrica. Me acuerdo del carnero electrocutado en mi niñez en Iraq, pero no puedo sacarlo de allá. Desesperada, me bajo las escaleras detrás de un pedazo de sardina para atraerlo. En vano, él es salvo por el administrador que me trae el gato polvoriento en sus brazos. ¡Mi héroe! La cuidadora del hijo del taxista del 301 comenta preocupada de la tarea de casa del niño: ‘Habla de Xangô, pero Xangô es tema del diablo! Y también hay textos sobre truenos. Trueno es Dios!’ Y lamenta: ‘No comprendo este colegio Pedro II. ¡Madre mía!’ 


En este momento me chupo los dedos de pescado picante en conserva que la vecina del 518 me regaló por la Navidad. A los gatos también les regaló un tarro de pescado frito. También ahora escucho tres canciones de la banda de hip hop de aquel vecino de 16 que dice que tiene 19. Vivir en Copacabana es así, muerdo la mano que me da de comer, pero Copacabana, eu hei de amar. La verdad es que oscilar entre te quiero y te odio, cambia mucho con el humor del momento, si mal, veo todo raro y feo. Si bueno, es todo raro, sí, pero curioso. ¡Me hace reír! 


¡Viva la mirada antropológica! ¡Viva la subjetividad humana y la diferencia! A fin de cuentas, qué soso sería si todos fuéramos iguales.


Mi piso es libra.


(Río, 13/12/10)

sábado, 11 de janeiro de 2014

Nevermore





já estou em casa. está tudo bem.

hoje eu cheguei meio nervosa. não sei se você percebeu, acredito que não. normalmente eu chego com calor, mas hoje cheguei com calor e um pingo nervosa. eu passo o dia esperando bons sinais que me encorajem a ir mais leve até seu apartamento, me encontrar com você. hoje foi estranho, uma sensação de mau agouro parece que me acompanhava. 
sim, é irracional mesmo. como todos estes sentimentos desmedidos que me fazem lembrar você: proibidos, exagerados e bons.
e enquanto eu seguia, descadeirada, meu caminho de volta, um zumbido persistia no meu ouvido: nevermore.
completando o quadro, quando fui pegar minha aliança dentro da bolsa, ela rolou no chão. a minha aliança poderia ter sumido naquelas águas sujas que corriam entre o meio-fio e os carros estacionados.
your body is a wonderland. meu corpo, dolorido de excessos.
cheguei em casa e adivinha? na TV tocava “This is the end”! como um prenúncio do que se passava na minha cabeça, agora talvez mais um sinal para eu fincar meus pés no chão. Jim Morrison estava tão louco, tão louco como meu marido no sofá e você quando se despediu de mim. um incenso queimava para despistar o cheiro bom do cigarro. o mesmo cheiro das sete pimentas que exalava ainda há pouco. eu cheguei e ele me recebeu com um sorriso largo e me beijou como se não me visse há uma semana. eu, canalha e debochada, retribuí com a mesma boca que vinha da rua. antes, no táxi, dei uma bela olhada no espelho para conferir se havia algum rastro seu. não tinha nada aparente então eu não precisei correr para o banho e pude sentar à mesa, descarada, com aquela sensação maravilhosa na pele. 

... continuar seria ilógico.
*quadro: "Nevermore", de Paul Gauguin (inspirado no poema “O Corvo” de Edgard Allan Poe)

https://www.khanacademy.org/humanities/becoming-modern/avant-garde-france/post-impressionism/v/paul-gauguin-nevermore-1897



quinta-feira, 24 de outubro de 2013

Somebody that I used to know




 “desculpe-me, não te reconheci: eu mudei muito”.
Oscar Wild

tinha algumas cicatrizes - mordida de cachorro, queda de bicicleta, catapora... – quantos anos narrando sua pele! nem precisava me contar. o chapéu sobre o sofá, ele deitado ali ao meu lado. eu o observava timidamente, e desviava o olhar quando ele me pegava fitando-o com curioso deslumbramento. almejei que nunca perdesse o interesse por mim, que seguisse para sempre querendo saber de mim, lendo minhas reportagens pelo mundo, desejando-me alegrias. minha presença sempre ali, pulsando nele. desejei que aquela relação fosse próspera, mesmo daquele jeito, às avessas. refletido no espelho, contou-me que se sentia intensamente feliz. de mim só ouvia o silêncio exausto: eu sendo completamente eu, imaginando o reencontro com hora marcada (...) se você me vir andando na rua sorrindo ou distraída num banco de metrô, é meu pensamento ocupado destas tardes ao som de notas musicais.  
 
https://www.youtube.com/watch?v=8UVNT4wvIGY


terça-feira, 28 de maio de 2013

Candyland



“Candy asked me if she died if I could go on
Of course I said I couldn't and of course we knew that's wrong”


quando eu morrer você vai se lembrar de mim.
da minha dificuldade com a tecnologia
telefonando à noite pra me ensinar como colocar um filme
meus CDs arranhando
o vinil de Carmen que você nunca pôs pra eu ouvir.
das frases estrangeiras
do meu atraso matinal
os inúmeros livros inacabados
os fartos cafés da manhã de domingo
até da minha batelada de reclamações na cozinha
talvez você sinta
falta
do meu beijo na chegada
minhas barbeiragens
meu jeito sonso
dos tantos elogios que te deixavam sem graça
até da minha dificuldade de comunicação
talvez você sinta
falta
do meu sorriso de compreensão
meu jeito que você já conhecia
os doces que eu gostava
é bem capaz que você sinta
falta
do tato
das nossas fabulosas viagens e das que ficaram por vir
por falta de jeito
submissão
exagero
desperdício
efêmero.

quinta-feira, 25 de abril de 2013

Lapinha da Serra


Este texto mudou para o seguinte endereço:

 http://losamantespasajeros.wordpress.com/2013/09/28/lapinha-da-serra-mg-2/


quinta-feira, 7 de fevereiro de 2013

A Concubina



co-participação de Mario Teixeira

Ele é musicista. Toca choro, samba, tango, cha-cha-chá... qualquer ritmo que você quiser que não seja num pandeiro! Ele mora não sei com quem, mas vive muito bem, eu soube, em seu segundo lar, uma orquestra. Ele é um talento e não tirou os olhos de você. Seu jeito misterioso, atento e dividido entre o par de pratos e a sua figura enquanto acompanhava “I Did It My Way”, te b-a-l-a-n-ç-o-u. E não foi por causa daquele blesq bom... ô balance balancê!

Você vai querer ter um caso com ele. E ele vai te mandar músicas diariamente, tocar na sala pela madrugada tudo que você queria. Você vai achar algo muito delicado e vai se apaixonar pela sua autenticidade. Mas vida, você já é comprometida e isso é uma novidade, esqueceu?

Não, você nunca soube dizer não.

Então você vai se jogar, porque é louca e está louca de curiosidade para ouvir o que ele tem para te dizer. E como ordenam os clássicos e discordam os sambas, vocês vão combinar. E você resolverá mudar de vida. É, nessa valsa você vai trocar de par. Depois, tudo a mesma coisa, mas numa outra companhia, um frescor no ar. Os amigos serão outros, e disso você gosta, de conhecer pessoas novas. Talvez mude um pouco o cardápio, algo diferente no jantar ou as cores das paredes e os programas de TV. Talvez até vocês tenham mais afinidades. Você vai ampliar seu background porque vai aprender as coisas novas que ele, tão erudito, te traz.

Tudo é finitude.

E logo alguém virá puxar sua orelha, perguntar: 'por que tão rápido?', te chamar de sanguinária. Vão dizer que você tenta preencher o vazio impetuosamente. Você vai se sentir culpada, se flagelar porque isso as pessoas que te querem não merecem, mas não vai mudar, porque a vida inteira tudo te chegou assim facilmente e sem se dar conta, seus caprichos te arrastam de um jeito assim, avassalador.

Ou você, não menos desmiolada, pode renunciar e sentir-se bem caretinha! Você vai escrever uma carta e recusar seu convite usando palavras bonitas. Dirá que adoraria passar o final de semana em sua companhia, e também a semana seguinte, “mas esta seria a parte que eu não sei se devia”. Você vai achar todos os motivos que te fariam ir e sentimentos que te fariam ficar, para depois saber que pôde e não soube aproveitar. Pode ser que ele não compreenda, e nem precisa, mas você vai honrar seus compromissos. Estes que você escolheu ter. E passará o dia cantarolando, “qué bonito sería tu mar si supiera yo nadar.”

E assim, hesitante, andando distraída pela rua, uma cigana te lerá a mão, e sábia, vai te descrever muito bem. Ela vai te comparar à figura da Concubina. Você não vai gostar, vai se ofender, mas depois se conformar porque sabe muito bem como se encaixa neste papel. Ela vai te desvendar, e você vai se tocar que seu jeito de agir é mesmo desapropriado. 

E não é que era exatamente o que você precisava se dar conta, afinal? Para então ir lá provar: doce, doce, doce.

 *foto do filme “L'Apollonide – Os amores da casa de tolerância”.


quinta-feira, 21 de junho de 2012


Para Coelhinho e Irmã-saltinho:


entediada com a paisagem repetitiva e com o relógio que caminhava lento, naquele trem ela recordava sua infância num país estrangeiro, em guerra. guerra esta que ela desconhecia, pela ingenuidade característica da idade. mas de ingênua não era para outras coisas. naquela época sabia muito bem da maldade de dedurar as irmãs para a mãe, quando elas por exemplo, faziam arte na escola. tinha duas irmãs gêmeas que frequentemente se juntavam contra ela e puxavam seu cabelo, seu ponto fraco. quando ela brigava com uma ou outra, vinha a dupla implacável. o par de monstrinhas treinava em casa e um dia em sala de aula, uma para defender a outra, puxou o cabelo da professora até o chão, a qual - para incrementar o grau de crueldade - quase não tinha cabelo. ela, a irmã mais velha, vendo as gêmeas através da janela do pátio de castigo, encurraladas na sala da diretora, sorriu mostrando os caninos e chegou em casa antes da notícia aos ouvidos da mãe. talvez porque tivesse bem vivo dentro de si um desejo constante de vingança. ou não, fazia-o de pura gaiatice! detalhou à mãe com detalhes sórdidos a batalha sangrenta das irmãs com a tia Jô, do emaranhado de cabelos da mestra entre os dedinhos frenéticos da irmã. a mãe atônita corre à escola deixando a pilha de roupas por passar, trazendo as gêmeas, dependuradas cada uma de uma orelha por todo percurso do colégio à soleira da porta de casa. as meninas não choravam, engoliam a seco a dignidade de sua feita e a honra pela batalha vencida contra a professora déspota. a irmã mais velha se deliciava, sentada na mesa da cozinha, com a gelatina em cubinhos e o circo de horrores à sua frente. a mãe que treme pouco, vem descompensada do banheiro onde largara as demoníacas no banho e agradece à filha mais velha por ter-lhe contado o ocorrido, enquanto recolhe o copinho raspado de gelatina da mesa. a mais velha, sentindo-se plena, sorriso escancarado na cara, vai para a sala desenhar e espera eufórica pela chegada do pai. num outro cômodo da casa a mãe termina de passar a roupa ao mesmo tempo que as gêmeas tomam banho de banheira, mudas e penosas de ficar sem sobremesa depois do jantar. é como diz o ditado: um dia da caça, outro do caçador.




quinta-feira, 19 de janeiro de 2012

S.I.M



para André.

pra você eu digo sim,
assim,
bem facinho,
meio impensável,
inevitável.

não é todo dia,
você fez do dia
a mais grandiosa lisonja!

pra você eu digo sim,
emocionada,
com pele arrepiada,
olhos marejados,
coração disparado.

não é pra qualquer um:
quero rotina de dois,
pintar paredes coloridas,
‘lava a louça
que eu estendo a roupa’.

pra você eu digo sim,
e me surpreendo comigo mesma,
valores tolos,
escoando pelo ralo.
com você eu encaro.

nem precisa mais abrir a porta,
eu tenho a chave.
‘vai fazendo o yakisoba
que eu boto a mesa’.
que dia vamos começar
aquela horta?

que baita prova de amor
é um pedido de casamento.
e querer a mesma coisa
num mesmo exato momento.

pode se gabar,
você exerce um poderzinho sobre mim.
eu te amo.
pra você é claro que é sim!


*foto byTulio Isaac

quarta-feira, 4 de janeiro de 2012

Mi casa, su casa.



En el trayecto hacia el aeropuerto, no pudimos hablar, nosotras tan solo llorábamos. Ángela solía decir que yo era la hermana que no tuvo -  a los que no saben, tiene 3 hermanos varones: Carlete, Adol y Pablo. Y sí, fuimos como hermanas durante los 9 meses que vivimos juntas: yo, ella, Lourdes y la Mujer de Blanco, ¿te acuerdas, Luli?, en su preciosa casa en los Montes de Málaga. Yo había ido a España a estudiar español y cuidaba a Lourdes, su hija, entonces con 2 y luego 3 añitos, una niña muy presumida a quien le encantaba ponerse tacones y un vestido de gitana con muchos volantes,¡supermona!

Los que me conocen bien, seguro que ya oyeron hablar de Ángela, no por la foto que tengo suya con Luli en mi casa, (arriba) pero por haber sido la protagonista de mi maravillosa experiencia en España.
Ángela me prestaba sus ropas, su coche y su plancha para el pelo. Le regalé un compact de Jarabe de Palo (ver video abajo) cuando me fui y ella compró regalos a todos de mi familia. Habían más regalos en mi maleta que ropas. Y cuando ya estaba en Brasil, me mandó por los correos, uno de los mejores ingenios españoles:¡una fregona!Desde el salón, mientras veía con Luli, Blancanieves, su peli favorita, me gustaba adivinar con qué medias iba a bajar las escaleras, un abanico de variedades que ella desfilaba cada noche que iba de marcha. Siempre que salía de juerga lo hacía ¡a lo grande!

Con ella aprendí a cocinar albóndigas, echar vino tinto en las salsas, hacer gazpacho y me convertí en una adicta a la nutela. Me encantaba cuando le antojaba desayunar churros con chocolate y bajaba temprano en su coche a por ellos. Era tan rica la mermelada de fresa que su padre, Carlos, hacía, y también los boquerones al escabeche. Y qué gustito era cuando su madre, Mariángeles, la estupenda abueli de Luli, nos llamaba para decir: “¡Bajad, guapas. He hecho paella!” ¡Qué bien lo pasábamos! Me acuerdo de Ángela contando los billetes para pagar al hombre del camión de agua y del verano cuando por fin llenamos la piscina.
Lourdes, en el comienzo, no podía pronunciar mi nombre, muy largo para una niña tan chica, así que me decía Colina. La gente pensaba, qué mono, pero yo insistía para que me llamara C-a-r-o-l-i-n-a, con todas las letras. Luego aprendió a llamarme Coralina y un par de días antes de que me fuera, me dijo: ¡Carolina! Me puse la piel de gallina y aquel día me hizo mucha ilusión que me volviera a decir ‘Colina’.

En mi fiesta de despedida en "nuestra" casa, hizo pinchitos y llenamos la pisci de globos. Me dejó que invitara a todos mis amigos ‘guiris’, que se juntaron a los suyos, en una gran fiesta andaluza con mucha caipirinha, ya que alguien consiguió “maracujá” y una botella de 51 en el Corte Inglés. Ángela sugerió que me tiraran a la piscina con los zapatos encima y al final, terminamos todos chorreando.
Fueron días muy felices, Ángela me hacía sentir muy a gusto allí y es por eso que de ella me llevo los mejores y más dulces recuerdos de Málaga.

Aunque mi sueño de ahorrar dinero para un viaje a España y imaginarme llegando a su casa, se murió ayer... ¿sabes qué?, estoy muy contenta por haberte conocido. Les doy las gracias sobre todo a Camilo y Hernán que me pusieron en sua vida, y viceversa.

Para Ángela, muita saudade y una canción:
http://www.youtube.com/watch?v=xxhET61yB1A&ob=av2e


foto: Yo en su casa en los montes con Atila, el perrito de Lourdes.